Ayer sábado salimos a hacer la ruta de
los Collados. Saliendo de Santander tomamos la autopista A-67 hasta la salida
del Valle de Cabuérniga, entramos por Cabezón de la Sal hasta Bárcena Mayor
donde hicimos la primera paradita. Una cerveza sin alcohol y un poco de chorizo
de jabalí en el Restaurante "La Franca" del amigo Luis para entonar el cuerpo, breve paseíto por
el pueblo y de nuevo a la burra.
Tomamos el mismo camino en sentido
contrario hasta Cabuérniga y allí giramos a la izquierda para subir la Collada de
Carmona. Pavimento en muy buen estado, y anchura de calzada como si de una
carretera nacional se tratara. El paisaje merecía una paradita en el mirador,
tras deleitarnos con el panorama empezamos la bajada hasta Puentenansa y allí cogemos
dirección La Hermida por Linares- Collado de Ozalba- Collado de Hoz.
Las curvas y las impresionantes
montañas que decoraban el entorno hacen de esa ruta algo único, la única pega
del tramo y con lo que hay que tener mucho cuidado es con los animales sueltos y
las "moñigas" en el pavimento. A nosotros nos salió una "tudanca" y un potrillo. Esta carretera tiene otra consideración a
tomar en cuenta, hay curvas que por su orientación y arbolado no reciben la luz
del sol en todo el día, lo que hace que fuera del verano puedan presentar
problemas de hielo en la calzada.
Llegamos a la Hermida y comemos en
el primer sitio que encontramos, la
Posada "Campo", menú del día a base de arroz con pollo de primero, carnes variadas de segundo y una
deliciosa tarta casera de queso de postre, todo por diez euros, extraordinaria
relación calidad-precio. Os recomiendo este restaurante. Después de comer
continuamos ruta hacia Fuente
Dé. Lo del Desfiladero de la Hermida, "El Esófago" del que hablaba Pérez Galdós,
es un paraíso para el motero, curvas sucesivas en uno y otro sentido hacen de su
trazada un disfrute permanente que dispara la adrenalina. Pasarlo a una velocidad
inteligente y moderada de entre 70-80 kms/h hacen del recorrido una verdadera
gozada.
No paramos hasta
"El Oso" de Cosgaya, donde invitados por Carlos tomamos el típico té con orujo lebaniego.
Una hora después salimos hasta Fuente De, al llegar arriba y mirar hacia las
cumbres solo te queda sentir la insignificancia del hombre frente a aquella
inmensidad, la cercanía de los picos ofrece una vista extraordinaria. No
pudimos subir al teleférico, la premura de tiempo, la cantidad de gente que
esperaba cola y la cagalera que le entró a mi "cuñao" solo con pensarlo... nos
hicieron desistir de la intención.
Bajamos a Potes con el ánimo de dar un
paseo por el pueblo. Mucho ojo con esa bajada, hay cantidad de curvas mal
peraltadas que como te descuides te sacan al carril contrario. La pendiente y
visibilidad invitan a apretar el puño pero cuidado con ese tramo. Paramos en
Potes pero al ver la cantidad de gente que había aprovechando el puente del Pilar, preferimos seguir y continuar la ruta.
Tomamos dirección Santander y volvimos
a disfrutar esta vez de regreso de las trazadas del Desfiladero. Al llegar a Unquera había cierta retención de tráfico al paso por su travesía, allí nos
encontramos a un gran número de moteros que regresaban de la concentración de
clásicas que se había celebrado en Colombres.
Tras pasar San Vicente de la Barquera,
cuyo puente por si no lo sabéis según mis hijas hay que pasarlo sin respirar
para que se te cumpla un deseo, tomamos dirección Comillas por el Parque de
Oyambre y la Rabia. Han arreglado la calzada y lo que antes era un tramo del
Paris-Dakar hoy es una excelente carretera. Paramos en Comillas pero solo
pudimos acercarnos al Capricho, ya era tarde y cerrado el acceso al Palacio de Sobrellano y la Universidad Pontificia. Tuvimos que conformarnos con tomarnos
una cerveza en la terraza de un precioso y muy antiguo bar de la zona.
Sobre las nueve de la noche ya
refrescaba bastante, el rocío empañaba los cascos y tomamos dirección Cabezón
por Udías en vez de ir por Santillana del Mar. En el alto de Cabezón tomamos la
A-67 hasta Santander, donde llegamos a las diez menos veinte.
Total, 315
kilómetros ideales por su paisaje y trazado, un precioso argumento para pasar un día de moto.